viernes, 10 de septiembre de 2010

EL MEJOR REGALO DEL DÍA DEL MAESTRO

Ana María era grande. Re grande. En todos los aspectos. Era buenaza, de un corazón inmenso. Era una persona grande, y una gran persona. O, al menos, así la veía yo cuando estaba en primer grado. En aquel entonces solía ser de los primeros de la fila. El tiempo, y los cartílagos de crecimiento, me fueron llevando de a poco hasta el último lugar de la formación. Será por eso que ahora, cuando formo a mis alumnos, me gusta más quedarme detrás de ellos...
Ana María fue la primera persona adulta que recuerdo haber visto llorar. Lloró un día de emoción. Yo había faltado un mes a clase por la mononucleosis, y ella me había mandado todos los días la tarea. El día que me reintegré al aula, Ana María nos tomó un dictado: diez palabras sueltas. Diez míseras palabritas. Y yo las escribí todas bien, sin errores, sin letras mirando para el otro lado, sin comerme ni una ese. Y cuando mi vieja me fue a buscar al mediodía, y le preguntó cómo me había ido después de tantos días de ausencia, Ana María le mostró el dictado inmaculado con un felicitado en verde, y se le cayeron un par de lágrimas de la alegría. Ya sé que, ahora, visto a la distancia, un dictado es una pavada. Pero en ese momento, para mí un dictado era una tarea de gran estrés. Para la maestra no; pero Ana María le dio a ese dictado la misma importancia que yo. Y entre tantas cosas, por eso mi maestra de primer grado "Pantera Rosa" va a ser inolvidable. Porque supo valorar hasta las lágrimas el pequeño gran esfuerzo nuestro de cada día.
En segundo grado tuve a Lucía. Ella fue mi primera novia. Un flechazo en el centro del corazón, el primer día de clases de 1980. Lamentablemente Lucía nunca lo supo. Creo que, de haberlo sabido, no se hubiera casado un mediodía en la Capilla Interna del Colegio. A nosotros no invitaron. Se casó (seguramente un viernes) en horario de clase. Yo vi el casamiento, no tuve alternativa. Pero por despecho, o por entumecimiento de las piernas, lo vi desde afuera, asomado detrás de la puerta.
No recuerdo qué cosas me enseñó la señorita Lucía. A decir verdad, sé qué me habrá enseñado porque yo fui maestro de segundo grado. Pero de la señorita Lucía recuerdo su sonrisa: grande, limpia, brillante, deslumbrante, cautivante, luminosa. Jamás en la vida volví a ver una sonrisa como aquella... Hasta que, hace unos años, volví a ver a Lucía. Y mi corazoncito voló al siglo pasado, y fue -otra vez- el corazón enamorado de un nene de segundo grado, embobado con la sonrisa de su primer amor.
En tercer grado tuve la suerte de tener como maestra a Carmen. Lo último que supe de ella es que se había ido a España. No sé si volvió. No sé nada. Ni siquiera recuerdo su apellido. Sólo tengo una imagen grabada en mi memoria: ella, su guardapolvo blanco siempre bien planchado, su cabello corto, una alegría que le desbordaba los ojos, su cálido tono de voz que nos hipnotizaba, y una ternura que me resulta imposible de expresar con palabras. Creo que esa ternura sólo se puede comparar a la primera sonrisa de un hijo, o a la primera vez que con sus manitos diminutas te agarra un dedo. O al abrazo que te da un alumno cuando, el último día de clases, llora porque sabe que te va a extrañar.
Cuarto grado fue muy duro. Estela era implacable. No nos dejaba pasar una. Nos hizo trabajar en un solo año casi como lo que trabajamos en los otros seis de la Primaria. Y la cantidad de tarea que nos mandaba para casa era infernal. En aquella época se llamaban "deberes", pero eran la misma tragedia que ahora.
De Estela tengo muchos gratos recuerdos, pero quisiera centrarme en dos. Mi cuarto grado coincidió con la guerra de Malvinas, en 1982 (también con un mundial en España). Estela nos hablaba tanto de esa guerra, y de los soldados que habían ido a pelear para defender nuestra soberanía y nuestro territorio, que nosotros, sin conocerlos, los queríamos. En esos días escribíamos cartas para agradecerles a los soldados todo lo que hacían por nosotros. Y no sé si esas cartas les habrán llegado. Ni siquiera sé si alguna vez se despacharon. Pero Estela nos enseñó la importancia de pensar en el otro, de preocuparnos por los demás, de sentir el sufrimiento, el miedo, la desesperación y la angustia del otro y a hacer algo para ayudar. Y así nos preparó para nuestra Primera Comunión.
Pero recuerdo algo más de Estela. Fue en el mismo salón donde yo ahora tengo el 5ºA. Yo me sentaba en el lugar que hoy ocupa Juan Manuel. Desde el fondo, pasé al escritorio y le mostré mis deberes. Eran unas oraciones que había que ilustrar. Una oración decía: [El pez vuela sobre el océano.]. Estela me miró, después miró mi dibujo (que, obviamente, era un pez volando sobre el mar), se rió, y me dijo que mi imaginación era increíble, y que era la primera vez que leía una oración tan loca. Quizás no usó la palabra "loca", pero la idea era esa.
Yo le discutí, le dije que era cierto, que los peces que volaban existían. Y Estela me mandó a sentar con una palmadita en la cabeza.
Al día siguiente le llevé la enciclopedia, con la ilustración de un pez "volando" sobre el agua y la explicación del nombre que reciben estos "peces voladores", que se debe a que logran saltar por sobre el agua una gran cantidad de metros con el objetivo de cazar a sus pequeñas presas.
Estela miró el libro en silencio. Me lo devolvió, y con la misma palmadita en la cabeza, me pidió disculpas. Y esa fue la única vez, en mis doce años de escuela, que un mayor me pidió disculpas. Estela me enseñó que la verdadera sabiduría no está en acumular conocimientos sino en poder reconocer que hay cosas que desconocemos...
Quinto grado se complicó más porque ya teníamos dos maestras en lugar de una. Angélica era una de ellas. La misma que hoy me corre para que cierre las notas y entregue los boletines, en el '83 me corría para que entregue los deberes y devuelva mi boletín.
Angélica era severa y perfeccionista: recta como las columnas del patio. No se le escapaba una. Y en sus clases todos prestábamos atención. Quizás porque le teníamos un poco de miedo, mezclado con un respeto muy profundo. Pero también porque nos enseñó matemática con pasión. En quinto grado aprendí a amar la matemática. Después, en primer año, aprendí, en cambio, no sólo a odiar la materia, sino también a odiar a un docente. En primer año me topé con la persona más ruin que conociera en mi vida. Pero esa es otra historia...
La otra maestra era Josefina. En el colegio la habían apodado "La Lunga", porque era, quizás, la más alta de las maestras. Claro que el apodo sólo circulaba entre los alumnos por los patios y por pasillos de la Escuela, pero yo sospecho que ella sabía que la llamaban así. Supongo que el apodo, sumado a su gesto adusto, hacían de Josefina una maestra temible. Uno terminaba cuarto grado rogando al cielo que la pasaran a otro grado: "que-no-me-toque-en-quinto-que-no-me-toque-en-quinto". Hasta que te tocaba en quinto, y te dabas cuenta de que Josefina era más buena que el pan. Josefina nos retaba cuando era necesario, porque lo merecíamos. Pero lo hacía con cariño y respeto. Y es que nos habíamos vuelto un tanto revoltosos. Pudo haber sido la pubertad. O pudo haber sido Ezequiel: ese pibe era la piel de Judas. Era el único que lograba arrancarle un grito a Josefina. No sé qué habrá pasado con Ezequiel. Lo que sí sé es que a sexto, con nosotros, no pasó.
En sexto grado tuvimos a Sara. Una mujer impecable, siempre correcta, siempre elegante, siempre medida. Sara me enseñó el valor de la justicia, y la importancia de saber que alguien confía en vos. En quinto y sexto aprendimos, además, que la responsabilidad exige sacrificio y compromiso, pero deja, a cambio, una gran recompensa: la tranquilidad de saber que uno ha hecho las cosas bien.
Pero sexto fue también fundacional, porque a mitad de año se reincorporó el maestro Dante. Yo lo había conocido en la Jornada nº 36 de General Pirán. Cuando lo tuve frente a mí en el aula, el mismo tipo divertido que nos contaba cuentos o animaba nuestros juegos, o rezaba con nosotros antes de dormir, ese día, supe que quería ser maestro. Lo manifesté mucho después. Pero sin duda, Dante, la Jornada 36, y el primer día de clase después de las vacaciones de invierno de 1984, dieron origen a la vocación que Dios me regaló. Después tuve que trabajarla un poco yo, claro... Curiosamente, Dante fue mi primer amigo docente. Hoy tengo muchos amigos con quienes compartimos vocación. Pero Dante fue, para mí, maestro y amigo, todo al mismo tiempo.
Por último, Oscar y Rodolfo, los maestros de séptimo, fueron los artesanos que terminaron de moldear este cacharro de barro. Cada día de escuela era apasionante. Y ni qué decir de cada viernes por la tarde, cuando Oscar y Rodolfo nos reunían en el patio de ladrillos para juagar al fútbol y compartir un rato con ellos, pero fuera de clases, sólo por la dicha de estar juntos... Cada clase con ellos era una aventura. Jamás volví a estudiar con tantas ganas como en aquel año. Rodolfo con su libro de cuentos seleccionados y su sinfín de anécdotas cuidadosamente relatadas, y Oscar que hacía magia con los números (y hasta era capaz de partirle una escuadra -las de madera, las de pizarrón- en la cabeza a alguno para que se portara bien). Yo recuerdo que ese año sólo deseaba tres cosas: ir al Colegio para estar con Rodolfo y con Oscar, ser algún día como Rodolfo y como Oscar, y que me diera el promedio para entrar al Secundario sin tener que dar el examen de ingreso...
La vueltas de la vida, los cartílagos de crecimiento, y estos maravillosos maestros y maestras que tuve en la Primaria me hicieron maestro.
Los recuerdo a todos y a cada uno de ellos con un inmenso cariño y una gran emoción.
Si me preguntaran hoy, día del maestro, cuál es el mejor regalo que puedo recibir de mis alumnos, diría que el mejor regalo que pueden darme es aquel que no van a poder darme hasta dentro de muchos años (o quizás nunca). Pero si algún día, al menos uno de mis alumnos, logra decir de mí al menos una de estas cosas y puede recordarme con emoción y una lágrima escapándosele de un ojo, entonces sabré que mi vocación ha dado frutos, y que no fue en vano el esfuerzo...

lunes, 5 de octubre de 2009

CHAU NEGRA

Te fuiste, pero te quedás para siempre con nosotros. En nosotros.

Fuiste la voz de un pueblo que sufría. Serás, ahora, la conciencia de un pueblo que quiere asomar a una vida nueva.

Chau Negra. Hasta siempre y hasta pronto.
La imagen es de Erlich. Y es de todos.

martes, 14 de julio de 2009

SENTIR


Así me siento en estos días, tratando de pensar actividades para sobrellevar el receso, pero evitando lugares públicos y concurridos con los chicos.
¡Gracias Gripe A!

sábado, 6 de junio de 2009

¿CUÁL ES TU CORAZÓN?

El corazón es una de las imágenes más utilizadas a la hora de hablar de nuestros sentimientos. Así, decimos que tenemos el corazón lleno de luz cuando nos sentimos iluminados por dentro, dichosos, felices. El que tiene un corazón generoso es aquel dado a compartir. Y del egoísta decimos que tiene un corazón de piedra o un corazón de hielo.
Aquel que gusta de recibir en su casa a sus amigos, tiene siempre abiertas las puertas de su corazón.
El hosco (busquen la palabrita en sus diccionarios) tiene telarañas en el corazón. Y el que sufre alguna pena de amor, ha quedado con el corazón lastimado.
Cuando un amigo nos traiciona, tarda mucho en sanar la herida de nuestro corazón. Y recuerdo que, cuando era adolescente y salía con mis amigos, al volver a casa, tarde, mi mamá siempre decía que había estado con el corazón en la garganta.
Cuando estamos angustiados, tenemos el corazón hecho un nudo. Cuando alguien nos desepciona, sentimos que nos estruja el corazón.
Palito Ortega tenía el corazón contento, Alejandro Sanz tiene el corazón "partio", Juan Luis Guerra tiene el corazón mutilado de esperanza y de pasión, y Edgar Allan Poe tenía un corazón delator.
Hace unos años, unas huerfanitas tenían el corazón con "aujeritos" (es que lo cantaban así), y parece que, al final, rellenaron los agujeritos con mucho amor.
El corazón es el órgano del amor. Y del desamor.
Nosotros podríamos presentarnos a los demás utilizando también esta figura del corazón.
¿Cómo está nuestro corazón? ¿Radiante, brillante, luminoso? ¿Sucio, oscuro, empolvado? ¿Qué hay en nuestro corazón? ¿Telarañas o fuego?
¿Quién sos vos? ¿Cuál es tu corazón?
Los apóstoles formaban todos un solo corazón y un solo espíritu, y los que leíamos El Patio también leíamos "Formemos todos un solo corazón"...
En este mes del Sagrado Corazón de Jesús, pidámosle a Él que nos regale un corazón sincero y generoso, dispuesto y lleno de amor.

martes, 7 de abril de 2009

jueves, 2 de abril de 2009

miércoles, 1 de abril de 2009

EN SU MEMORIA

Anoche murió el ex-Presidente Raúl Alfonsín. Y el Gobierno Nacional decretó tres días de luto, mientras se le hacen las exequias a este gran hombre.
Desde lo simbólico, veremos las banderas izadas a media asta.
Desde lo mediático, escucharemos hasta el hartazgo infinidad de comentaristas especializados en “Alfonsinología”.

Y, seguramente, para el fin de semana, ya estaremos hablando de otros temas.Sin embargo, vivimos hoy un hecho histórico. Pocas veces en la vida (y quizás esta sea la única) podemos presenciar la muerte de un prócer.
Alfonsín es el símbolo del retorno a la democracia en un país que ha sufrido, desde siempre, mucha violencia. Es el símbolo de la lucha por los derechos humanos, por la igualdad, por la justicia.

Alfonsín fue un político honesto, sincero, cabal, fiel a sus principios y de hondos ideales.
Como hombre y como Presidente habrá tenido cientos de errores. Sin embargo, y hoy más que nunca, después de su muerte, brillan sus virtudes. Más allá de toda creencia, ideología o bandería política. Alfonsín representa la lucha de los argentinos por retornar a la vida democrática, y se convirtió en el primer presidente de la etapa democrática más prolongada de nuestro país.
Hoy presenciamos el nacimiento del último prócer argentino. Y seremos testigos de cómo lo homenajeará el país, de cómo lo recordará la gente y de cómo lo juzgará la historia.


+ Raúl Ricardo Alfonsín (1927-2009)

martes, 31 de marzo de 2009

OTRA VEZ

Otra vez la muerte nos toca de cerca. Y desde lugares tan cercanos...
El papá de Carolina y de Luana, dos alumnas del Colegio que falleció después de un accidente. Y dos niñitas que deberán aprender a crecer sin papá.
Una pequeñita de dos años, hermanita de Abril, otra alumna de la Escuela, que se va de manera inexplicable, dejando a una familia entera sin consuelo y con una gran bronca: enojados con la Vida.
Y un ex-presidente. Un luchador de los derechos humanos, un hombre de ideas claras y principios fuertes.
Tres muertes que nos tocan de cerca sin ser cercanas.
Nos aunamos al dolor. No lo entendemos, no lo sufrimos en carne propia, pero lo aceptamos como parte de la vida. Como esa parte de la vida que quisiéramos no tener que enfrentar.

CHAU

Esta noche se nos fue un hombre de rectos prncipios y alta moral. Quizás, el último político de ley que nos quedaba...

Hasta siempre don Raúl. Y gracias por todo.

miércoles, 18 de marzo de 2009

DEVELANDO-ME

La vida y la muerte en danza,

bailan armoniosamente alrededor nuestro.

Continuamente.

Esto que vivo es ir bailando,

moviéndome con ritmo,

con el ritmo de la vida cotidiana.

Es ir develando lo que pugna por salir.

A la vez y todo junto,

poniendo un paso tras otro

en la huella que se va abriendo,

con sorpresa,

en el camino inédito

que voy recorriendo.


Diego 13/03/09

miércoles, 11 de marzo de 2009

NUNCA MÁS, NO. PARA SIEMPRE.

"En la mitad del invierno reconocí,
finalmente,
que había en mí un invencible verano".
Albert Camus
Frente a la muerte de un ser querido, el alma se nos inunda de dolor. Nos duele la pérdida, y la inexorable idea del "nunca más" que se hace real y deja de ser metáfora o exageración.

Nunca más te vamos a ver. Nunca más vamos a escuchar tu risa estridente. Nunca más vamos a discutir. Nunca más me vas a hacer enojar. Nunca más vas a jugar con mis hijos. Nunca más voy a poder cuidarte. Nunca más vamos a llegar juntos. Nunca más vas a escuchar mis anécdotas. Nunca más haremos un plan juntos. Nunca más nos vamos a sentar a ver fotos. Nunca más voy a poder hacerte un mandado...

La idea del "nunca más" parece desgarradora.
Sin embargo, quienes ya pasamos por esta experiencia más de una vez, sabemos que el "nunca más" nos atormenta por un tiempo -más o menos largo- y luego comienza a desvanecerse lentamente. Hasta que, algún día, otro duelo nos recuerde viejos sentimientos enterrados en el olvido.
Cuánto más sano sería poder cambiar este siniestro "nunca más" por un "para siempre" lleno de esperanza.
Vas a ser feliz para siempre. Vas a estar bien para siempre. Vas a VIVIR para siempre. Vas a acompañarnos para siempre. Vas a estar junto a nosotros y junto a mis hijos para siempre. Vas a reír estridentemente para siempre. Vas a ser nuestra inspiración para siempre.Vas a velar por nuestros sueños para siempre.
Y seguiremos llorándote, porque así somos. Pero el dolor va ir dejando paso a la alegría, así como la muerte siempre deja paso a la vida. Y nuestras lágrimas serán de emoción.
Mientras tanto, te estarás encontrando con tus seres queridos, los que partieron hace tiempo. Y vas a cuidar a los cobayos de Manu.
Para siempre...

lunes, 9 de marzo de 2009

NORA

Tanto el nacimiento como la muerte son pasos.
Transiciones. De una vida a otra.
Y después a otra más. Definitiva.
El primer paso es pura alegría.
El segundo paso es puro dolor.

Y cómo duele la muerte...

Te vamos a extrañar.
Nora
12 de octubre de 1944
9 de marzo de 2009

miércoles, 4 de marzo de 2009

COMO EN UN DESPERTAR

Una mañana
hermosa asoma
por mi ventana.

Todavía en penumbras
se vislumbra
un bonito amanecer.

Una pequeña luz
que rompe la inmensa oscuridad.
Milagro inesperado al despertar.

Y de pronto, todo cambia.
Las nubes, el viento, el frío.
Gris, lluvia y llanto.

¡Hasta cuándo!
Sueños increíbles,
vidas, no-vidas.

Y aquí, una vez más,
creyendo, amando, esperando.


DHCI

jueves, 12 de febrero de 2009

SÉ FELIZ

En cierta ocación, durante un seminario para matrimonios, le preguntaron a una mujer: "¿Te hace feliz tu esposo?, ¿verdaderamente, te hace feliz?"
En ese momento, el esposo levantó ligeramente el cuello en señal de seguridad; sabía que su esposa diría que sí, pues ella jamás se había quejado de su matrimonio.
Sin embargo, la esposa respondió con un rotundo: "No. No me hace feliz."
Y, ante el asombro del marido, continuó: "No me hace feliz: yo soy feliz. El que yo sea feliz o no, no depende de él, sino de mí. Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad.
"Yo busco ser feliz en cada momento de mi vida; pues, si la felicidad dependiera de alguna persona, cosa o circunstancia ajena a mí, entonces yo estaría en serios problemas.
"Todo lo que existe en esta vida cambia; y cambia constantemente: desde el clima hasta mi cuerpo, desde los sentimientos hasta el mismo ser humano. Y nosotros buscamos la felicidad a través de esos cambios: amar, perdonar, ayudar, escuchar, comprender, aceptar, consolar... son experiencias que atravezamos en nuestra búsqueda de la felicidad.
"Hay quienes creen que no pueden ser felices porque están enfermos, o porque hace calor, o porque alguien lo insultó. Sin embargo, se puede ser feliz AUNQUE se esté enfermo, AUNQUE haga calor, AUNQUE alguien te haya insultado, o lo que fuere.
"Ser feliz es una actitud frente a la vida."
¿Querés ser feliz? Decidite, entonces.
Y sé feliz.

miércoles, 11 de febrero de 2009

CO-AUTORES

Estoy pensando seriamente en incorporar a Dario y a un montón de amigos anónimos como co-autores de este blog.

En fin, GRACIAS DARÍO, por los aportes realizados. Irán subiendo...